Furia

Me volví a ir de viaje pero esta vez no me preguntaste por qué, ni me hiciste esa mueca de desagrado. Siempre que tomaba un vuelo, me preguntabas: “¿Cuándo tendremos tiempo para estar juntos?”. Te irritaba que viajara. Te irritaba casi todo lo que hacía. Muchas veces me pregunté por qué estabas conmigo. Pero esta vez…

Amelia y María (y un perro en círculos tratando de morderse la cola)

NOTA DEL EDITOR: Este cuento fue publicado originalmente en el blog de Malabar Editorial. Estoy profundamente agradecida, si quieren leer el original, den clic aquí. El diseño y la ilustración son imperdibles.  No sabía por qué, pero cada vez que él pensaba en agua, lo hacía también en ahogamiento. Cada vez que pensaba en fuego,…

No quiero saber de qué hablamos cuando hablamos de amor, Julieta

Llegué al bar pasadas las diez, preocupada por haber llegado un poco tarde. Ninguno de los invitados me había escrito para nada durante todo el día, así que supuse que acudirían a la cita conforme la convocatoria por correo electrónico. Me senté en un banco de la barra y pedí un vaso de agua, esperando…

Ese bálsamo que me hacía falta

Cuando lo conocí yo tenía 38 años y él 18. Ambos somos del 10 de enero y Capricornio. Yo me llamo Mariel y él se llama Daniel: una rima involuntaria en los nombres. Veinte años exactos. Una no escoge las coincidencias. Veinte años fueron los que vivió mi perrita chihuahua Cuca antes de que se quedara ciega…

De tatuajes, corazones rotos y bolsillos vacíos

  Ese día me levanté cerca de las 12 del día, todavía con el ron de las siete cubas y del six de cervezas que me había tomado la noche anterior corriéndome por las venas. Creo que escuché “Prayer in C” de Robin Schulz cerca de un centenar de veces la madrugada anterior. Esa madrugada…

¿Y este cabrón quién es?

        Entró a la habitación y lo primero que encontró fue la foto de su mujer al lado de otro hombre. La foto yacía sobre la cama, con la mitad salida de una bolsa de plástico en la que había también otro bonche de documentos. Como si le hubiese caído un escupitajo…

Ni le muevas que soy bien puta

    Jalil era un chico con ojitos achispados y con un corazón enorme. Tenía (o tiene, que si bien supe por coincidencia el otro día, por supuesto sigue vivito y coleando y hasta ya publicó un libro) vello por todo el cuerpo y una barba que me hacía vibrar. Además de una sonrisa profunda….