No quiero saber de qué hablamos cuando hablamos de amor, Julieta

el

Llegué al bar pasadas las diez, preocupada por haber llegado un poco tarde. Ninguno de los invitados me había escrito para nada durante todo el día, así que supuse que acudirían a la cita conforme la convocatoria por correo electrónico. Me senté en un banco de la barra y pedí un vaso de agua, esperando a que alguien conocido entrara en cualquier momento para empezar a tomar alcohol. El bar estaba casi vacío, así que me sentí con la completa libertad de sacar mi libro de la bolsa.

Julieta era la única de la que yo tenía certeza que vendría. En la mañana acababa de aterrizar y apenas lo había hecho, había contestado a mis mensajes.

16 de diciembre. Mis treinta años parecían tan distintos a cómo yo me los imaginaba. Recuerdo que cuando estaba por entrar a los veintes pensaba que a los treinta ya tendría una hipoteca, dos maestrías y quizá un marido y un hijo en la primaria. Lo de las maestrías me lo tomé muy en serio. Ya llevo una y media y estoy esperando a terminar la segunda. La hipoteca se quedó en el limbo de los sueños nunca logrados, pero lo del marido sí lo intenté. Viví con un par de chicos durante varios años pero con ninguno sentí esa punzada que yo creía me haría tirar hacia el vacío y que me mantendría pegada a esa llama que en un inicio se convierte en cosquillas y que después de algún tiempo, deriva en rutina.

Hasta ahora, solo un hombre ha logrado arrancarme un cachito del alma y se lo llevó a la tumba. Él murió un año después de conocernos, en brazos de su mujer, presa de un cáncer de colon. De eso ya tiene más o menos una década, cuando pensaba que si tenía ese marido debía ser él y si tenía un hijo, él también debía ser el padre.

Diez años después estoy en un bar, con una blusa sin mangas que muestra mis dos brazos tatuados, esperando para brindar por mi cumpleaños número 30 y empezar la peregrinación de bar en bar. Despreocupada porque llegue el resto y emocionada porque tiene un año que no veo a Julieta, desde que ella se fue a estudiar una especialización en urbanismo a Medellín, esa ciudad tropical, verde y repleta de edificios de ladrillo naranja, en la que deambulan hombres con las cejas perforadas, los brazos inundados de tatuajes y el acento cantarino de paisa.

Había avanzado el libro unas veinte páginas completamente absorta. Por un momento había olvidado que esperaba a Julieta y que estaba cumpliendo años. Leía la antología de Carver que se había publicado hace poco. Ya había leído los libros por separado pero comprar el volumen completo me daba la sensación de que jamás me volvería a perder ninguna de sus historias. Si tuviera que escoger alguno, “De qué hablamos cuando hablamos de amor” me dejó deslumbrada.

Justo abría el libro en ese cuento cuando llegó una cuba a la mesa y un papel pequeño doblado a la mitad, que la mesera me deslizó sobre la mesa. Le dije que yo no había pedido esa cuba, que estaba próxima a irme. Ella se me acercó al oído y me dijo que un chico de la mesa del fondo me la mandaba. Yo no despegué la mirada de sus ojos y con una sonrisa le pedí que se la llevara de la mesa. El papel se quedó atorado en el servilletero.

En eso sentí unos brazos alrededor del cuello que me jalaban suavemente hacia atrás y escuché una voz me susurraba al oído: “¡Sorpresa!”

–Nunca se te quitará la costumbre de llegar tarde. No sé qué habrán dicho los colombianos cada vez que los hacías esperar más de media hora.

Julieta me sonrió, soltó esa carcajada que tenía tanto sin escuchar, me tomó de la mano y me llevó fuera del bar. Ahí afuera sacó de su bolsa un aguardiente paisa, y me dijo feliz cumpleaños. Nos fumamos un cigarro y lo terminamos caminando, antes de meternos a la boca del metro.

 

NOTA: Este texto fue publicado originalmente en www.chidas.mx, si quieres revisar la publicación original, da clic aquí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s